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Inteligencia Emocional en Alicante

El desempleo no es un estigma

marzo 27, 2014.Pedro Atienza.0 Likes.0 Comments

Jorge volvía calle arriba de regreso a su casa, caminando como cansado, con paso lento, arrastrando suela, cabeza gacha y algo desaliñado —bastante más de lo que en él podía haber sido habitual de no haber pasado aquello que pasó—. Su traje ya no estaba impecable, como era lo suyo, ni su rostro reflejaba ese entusiasmo de aquel que se siente realizado y triunfador en la vida.

TristezaLlegado un momento, lentamente, con parsimonia, levantó un poco la cabeza para comprobar el camino que aún le quedaba por recorrer para terminar aquella empinada cuesta que ya le parecía infinita. Y fue entonces cuando a unos veinte o veinticinco metros más arriba, le pareció ver venir andando en dirección hacia él a Luis, un antiguo colega con el que, en otro momento, no hacía tanto, había compartido algo más que trabajo y negocios.

Sus torpes movimientos se tornaron, como si de magia se tratara, en rápidos y ágiles. Miró a su izquierda comprobando que, en ese preciso momento, cambiaba el color del semáforo de peatones transformándose de rojo a verde; un verde esperanza —esperanza de no ser y desaparecer a un tiempo—. Cruzó la calle y se refugió entre aquella otra gente que iba y venía ajena por completo al suceso. Observó como Luis continuaba su camino y desaparecía, por fin, por lo más lejano de la avenida.

Comenzaba a llover pero no lo suficiente como para que Jorge lo apreciara. Aún con las primeras gotas corriéndole por la mejilla —sin saber si de agua o de llanto— quedó unos minutos pensativo. No quería encontrarse con Luis. No quería encontrarse con nadie. Al fin, ¿qué iba a decir a todos, que se había quedado sin trabajo?

Es lo habitual encontrar en esta red virtual en la que nos movemos, montones de listas de las 10, 15 o 20 cosas que hay que hacer, y de las que no, a la hora de buscar trabajo. Consejos mil rondando que harán pensar que bien poco o nada un servidor puede inventar para tal asunto con este artículo. A lo sumo, puede que intente profundizar aunque sólo sea un poco en algo sobre lo que estimo muy conveniente pararse a reflexionar: el desempleo como «estigma social».

Y es que no es tan difícil que ocurra, en esta vida tan real, esta situación en la que al quedar sin trabajo sientes que quedas, a un tiempo, sin ocupación y sin norte al que dirigir tus pasos y, con ello y por ello, una tendencia hacia la autoexclusión provocada, posiblemente, por una caída en picado, a lo kamikaze, de la autoestima, agravada en muchos casos por, muy posiblemente infundados, sentimientos de culpabilidad.

FamiliaY ahora un pequeño inciso antes de continuar con esta exposición. El desempleo es un serio y grave problema para quien lo padece, que puede producir trastornos de personalidad y conducta. Es por esto que sugiero la importancia de que quien rodea a la persona que lo ha perdido la familia de manera principal sea consciente de ello con el fin de que esta situación, más que agravarse por tales circunstancias, sea consciente y adecuadamente tratada por todo el grupo socializador.

Con todo, es importante darse cuenta que el carecer de empleo no es, en absoluto, nada vergonzante. El desempleo es una situación, es un estado, nunca una característicanunca una atributo propio de la persona. Por ello es tan necesaria mantener esa actividad diaria dentro de un entorno social adecuándonos de la manera más apropiada a las nuevas circunstancias sin perder de vista nunca la realidad vital. Complacerse en la soledad ante la desgracia, al menos sin luchar, no ayuda a uno más que a hundirse, como en el fango, aún más en ella así de simple y así de duro.

Seamos conscientes: «el desempleo no es un estigma»Es menester hablar con la gente; envolvernos en la gente y de la forma más natural, haciéndoles partícipes de nuestra situación que no paños de lágrimas; que esto no es lo mismo, y pensando que al fin, será la gente y con la gente nuestra única manera en la que podamos salir de este túnel, aunque a veces parezca que no tiene fin.

Parece ser de San Benito aquella máxima que dice:

«Orad como si todo dependiese de Dios y trabajad como si todo dependiese de vosotros».

Y así muchas, muchas puertas se nos cerrarán; algunas con fuerza y dolor y estruendo en nuestra vida, tal vez por ser estas las que nunca hubiéramos imaginado que de tal modo encontraríamos y que eso que nos sirva para hacer limpieza de lo que nos pedroatienzaestorba en nuestro camino, pero al final, si ponemos empeño, si nos aplicamos, si hacemos las cosas con orden y buena intención, si resistimos saldremos.


 

Pedro Atienza

Máster en Gestión y Administración de Empresas por FUNDESEM Business School. Experto en Inteligencia Emocional y Coaching Ejecutivo por la Universidad Rey Juan Carlos y Escuela de Inteligencia de Madrid. Formado en Relaciones Laborales y Recursos Humanos por la Universidad de Alicante.

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