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Inteligencia Emocional en Alicante

«Grandeza» primaria y secundaria — La ética de la personalidad y del carácter

agosto 8, 2014.Pedro Atienza.0 Likes.0 Comments

No fue hace mucho cuando realizábamos un proceso de selección para uno de nuestros clientes, en el cual se requería un alto nivel de inglés como condición sine qua non para poder acceder al puesto de trabajo ofertado.

En la primera fase de lectura de currículums, ya nos llamó la atención uno de ellos que se nos había remitido redactado en inglés. Pensamos que si la solicitud se había realizado en castellano, la respuesta debería ser en castellano igualmente. No obstante, entendimos la voluntad de la persona en cuestión en hacer notar su dominio de tal idioma como se requería en la oferta y, dado que tras su lectura observamos que cumplía con los requisitos para el puesto, decidimos darle su oportunidad y convocarle para una entrevista.

Con la persona delante, ya en plena conversación, todo parecía ir bien hasta que en cierto momento uno de los entrevistadores realizó al candidato un pregunta en inglés. La respuesta a tal cuestión se hizo esperar… y esperar… y no hubo respuesta. Esta persona no sabía hablar en el idioma requerido, había falsificado la información con un currículum que alguien conocido le había traducido para la ocasión. Nosotros perdimos el tiempo; esta persona perdió mucho más.

Super

Y es que al parecer, hemos hecho nuestra, como algo natural, esa capacidad, facilitada en mucho por las nuevas tecnologías, para mostrarnos al mundo como nos imaginamos que somos, que es, alfin, y muy frecuentemente, como nos gustaría ser —intelectuales, bellos, fashionísimos, ejecutivos, revolucionarios, gurús de diversas materias, geniales, progres, conservadores, salvadores comprometidos (a base de darle al “me gusta” o al retweet) y superguays en general de todo tipo y condición— pasando por alto el detalle de que, tarde o temprano, hay que demostrar lo que verdaderamente se sabe y lo que verdaderamente se es.

«Grandeza» primaria y secundaria

Allá por 1989, Stephen R. Covey se quejaba de la superficialidad de lo que llamó la “ética de la personalidad”, donde el éxito se convertía en una función de imagen pública, de actitudes y conductas, y de habilidades y técnicas que optimizasen los procesos de relaciones interpersonales. Covey, al respecto, pensaba que este enfoque, de manera aislada, sin otro contesto, era claramente manipulador, pues de lo que se trataba era de aprender técnicas para gustar a los demás y, a costa de ello, satisfacer el propio interés.

Por otro lado, Covey afirma entonces que sí existen principios que nos pueden permitir de manera efectiva y disfrutar de éxito y felicidad duraderos. Esto era desde la “ética del caracter” cimentada sobre “la integridad, la humildad, la fidelidad, la mesura, el valor, la justicia, la paciencia, la simplicidad, la modestia…” todo ello integrado, de manera profunda, en la naturaleza de la persona.

lobo con piel de corderoLa “ética de la personalidad” en cuanto al desarrollo de habilidades sociales y de comunicación, por supuesto, es importante, pero no deja de ser una “grandeza secundaria” y, además, cuando tu relación con el prójimo la sustentas sólo en esto, te quedas vacío, sin una base sólida, y tu éxito no se mantendrá en el tiempo pues estarás marcado por la duplicidad y, falto de sinceridad, esto acabará generando algo más que desconfianza.

La verdadera grandeza no vendrá de otro lado que no sea del honesto trabajo realizado día tras día. Dice Covey: “Uno hace el esfuezo y el proceso sigue. Siempre se cosecha lo que se siembra; no hay ningún atajo”.

Será así, desde la “ética del caracter”, impregnados y comprometidos con nuestros principios y valores,  desde nuestro yo auténtico, como seremos capaces de transmitir aquello que nos propongamos generando confianza verdadera ante los demás. Esa es la “grandeza primaria”.

“En las manos de todo indiviuduo está depositado un maravilloso poder para el bien o el mal, la silenciosa, insconciente, invisible influencia de su vida. Ésta es  simplemente la emanación constante de lo que el hombre es en realidad, no de lo que finge ser”

William George Jordan (1864–1928)

Así pues, podrás enviar, entregar o colgar donde bien te plazca tu maravilloso currículum o tu ostentoso perfil, presumiendo y contando todas y cada una de tus mil y una maravillas, pero, ojo, que la mentira, no por muy adornada deja de ser mentira y esta, por cierto tiene las patas muy cortas.

pedroatienzaProcura más bien llenar tu vida de contenido real, de “grandeza primaria”, y al fin, como afirmaba Chaplin: “Sé tú e intenta ser feliz, pero ante todo se tú”.


 

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alicante-empresarialEscuela de Inteligencia

Pedro Atienza

Máster en Gestión y Administración de Empresas por FUNDESEM Business School. Experto en Inteligencia Emocional y Coaching Ejecutivo por la Universidad Rey Juan Carlos y Escuela de Inteligencia de Madrid. Formado en Relaciones Laborales y Recursos Humanos por la Universidad de Alicante.

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