Pedro Atienza

Que no le engañen. Es jodidamente difícil ser feliz.

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Cualquiera que se haya acercado a esta bitácora, y haya tenido la paciencia  de pararse a leer aquella historia —lo cual agradezco enormemente y de todo corazón— titulada «Sobre el día aquel en el que creí haberlo perdido todo»,  en la que intentaba contar el cómo, en su momento, pude dar gracias a la vida tras una vivencia dolorosa, podría calificarme, con todo mi pesar, como un vendedor de humo más.

Por supuesto que mi gratitud no era hacia el sufrimiento, claro está —aún estoy lo suficiente cuerdo— sino por la lección recibida a causa de tal suceso, con cuyo aprendizaje conseguí ver un poco más allá de lo que hasta el momento mi vista conseguía alcanzar. Fue un importante paso más en mi proceso.

No tuve entonces más pretensión que compartir una experiencia con la que si alguien se identificase, pudiese, tal vez, inspirarse. Aun así, es necesario extremar la precaución, pues caer en la tentación, o peor, en el error de hacer pensar que en todos estos asuntos de las emociones, las cosas funcionan de manera sencilla, de forma que pueda parecer que “sólo no es feliz el que no quiere serlo”, es altamente peligroso “no dudo sobre lo que usted cuenta, pero yo sigo sufriendo”, me dijo tristemente alguien una vez. ¡Y por supuesto que es difícil!—.

Del refranero español recordamos aquello de «lo poco gusta y lo mucho cansa», y, a mí personalmente, me agota —a la par que también me entristece— el asomarme cada día a la ventana de esa manipulada vida virtual, que nos muestra la pantalla de nuestro ordenador, y descubrir y redescubrir una y otra vez, el comportamiento obsesivo compulsivo de una parte del personal presente, en su empeño, en este caso, por mostrarnos las maravillas de su vida, desde la mañana hasta la noche; su genial trabajo y su preciosa familia; el viaje a aquella idílica playa, de fina arena y aguas cristalinas, desde donde mostrar el amor de su vida a través de un palo de selfie; una forma de buscar esa aprobación de la tribu, traducida en muchos “me gusta”, de manera que parezca que nuestro idilio con la vida le importa a alguien. Es una necesaria confirmación positiva para reafirmarse en sus conductas —sin pensar que tras esa manipulación orquestada desde esta vida virtual, tipo Matrix, pueden, con tal proceder, hacer en ocasiones más mal que bien [1]; y entretanto la basura continúa debajo de las alfombras.

Por otro lado, y, lo que podría ser más grave y preocupante, —con el mayor de los respetos hacia aquellos que, profesionalmente o no, se entregan por entero día a día al afán de ayudar y mejorar la vida de las personas con las que conviven, acompañando a cada cual en su proceso personal— nos encontramos con esa otra parte, cada vez más abundante, de aquellos otros, aparecidos muchos de la noche al día, subidos de ego, que facilitan recetas mágicamente facilonas —desde la dudosa autoridad que suelen atribuirse,  y de la que solemos desconocer su veracidad con certeza— para alcanzar esa ansiada felicidad de la que ellos disfrutan a raudales, y además en poco tiempo y con unas pocas, sencillas y eficaces lecciones —a modo “Disfrute de la felicidad en quince días y páguela en cómodos plazos”—.

Pues que no te engañen. Es jodidamente difícil ser feliz. #InteligenciaEmocional Clic para tuitear

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Pero aunque lo pueda parecer, este no es un mensaje que pretenda transmitir pesimismo, sino todo lo contrario. La felicidad está a nuestro alcance, pero, por favor, permítame que primero le diga…

[/vc_column_text][ish_headline tag_size=”h3″ align=”center” color=”color5″]Que nadie te venda la felicidad. Que lo sepas… la felicidad ya es tuya y está dentro de ti.[/ish_headline][vc_column_text]

La felicidad no se concreta. Existen tantos tipos de felicidad como seres vivos en la tierra. La felicidad será siempre aquello que usted quiera que sea. De todas las maneras, así lo pienso…

La felicidad no es una meta. La felicidad, es a mi parecer, un camino #InteligenciaEmocional Clic para tuitear

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El mundo gira cada día, y día tras día la felicidad se convierte al fin, en un camino que durará eternamente —desde nuestro concepto terrenal de eternidad—. Un camino que comienza desde lo más profundo de de cada uno de nosotros bajo un principio fundamental.

[/vc_column_text][ish_headline tag_size=”h3″ align=”center” color=”color5″]El principio del compromiso.[/ish_headline][vc_column_text]

El compromiso, primero, con usted mismo, pues es usted, estimado lector, el que deberá transitar por esa senda en la que, con fortuna, encontraremos todo tipo de experiencias y más experiencias, buenas unas y menos buenas, seguro que dolorosas otras, y por las que siempre, por todas, deberemos estar agradecidos, porque, experiencia más experiencia se construye ese camino que es nuestra felicidad.

Dedique el esfuerzo necesario, trabaje duro, no cese en ese empeño. Su felicidad pudiera ser la felicidad de aquel que está a su lado, y esto alimentará su bienestar. Responsabilicesé de usted mismo, no hay otra al fin.

Y siembre cada día, y todos los días, una semilla de felicidad, que con estas pequeñas cosas, a veces, como quien no quiere, se cambia el mundo.

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Y por lo dicho, no estará de más recordar que, por fortuna, existe una ley natural que acaba poniendo a cada cual dónde debe estar y que para todos es aplicable: la ley de la siembra y la cosecha.

[/vc_column_text][ish_headline tag_size=”h3″ align=”center” color=”color5″]Uno hace el esfuerzo y el proceso sigue. Siempre se cosecha lo que se siembra; no hay ningún atajo.[/ish_headline][vc_column_text]

Stephen R. Covey, Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva.

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No se deje engañar, es jodidamente difícil ser feliz, pero caminando por nuestra senda, la que elegimos cada uno, despertar por la mañana y poder dar gracias por seguir estando, poder amar, simplemente por amar, detenerse en el silencio y sentir la paz, endulza nuestro existir de modo que ya no nos será necesario esperar el postre final.

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[1] «¿Por qué todo el mundo trata de parecer tan feliz en Facebook» vía El Mundo

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pedroatienza@inteligenciaemocional.center

Telf.: 619217810

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Pedro Atienza

Máster en Gestión y Administración de Empresas por FUNDESEM Business School. Experto en Inteligencia Emocional y Coaching Ejecutivo por la Universidad Rey Juan Carlos y Escuela de Inteligencia de Madrid. Formado en Relaciones Laborales y Recursos Humanos por la Universidad de Alicante.

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Máster en Gestión y Administración de Empresas por FUNDESEM Business School. Experto en Inteligencia Emocional y Coaching Ejecutivo por la Universidad Rey Juan Carlos y Escuela de Inteligencia de Madrid. Formado en Relaciones Laborales y Recursos Humanos por la Universidad de Alicante.

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