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Inteligencia Emocional en Alicante

Vendedores de humo — lo que no es Inteligencia Emocional

Agosto 22, 2015.Pedro Atienza.0 Likes.0 Comments

Le reconozco al lector que aún hay veces que al observar ciertas conductas entre quienes se llaman a sí mismos profesionales y que, además, se publicitan sin pudor por esos mundos de Dios, y por otros más modernos y fáciles de transitar, a modo de reconocidos gurús, siento un inmenso agotamiento a la vez que una profunda tristeza. Y, aunque haya quién que pueda verlo fuera de lugar, no me resisto a compartir una cita que aprendí hace ya mucho tiempo:

«Cuidaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos?» Mateo 7:15-16
Piel de cordero

Ya sé que en este país de la picaresca en el ADN, y del síndrome de la “titulitis”, esto parece que no debería ya extrañar a nadie, pero, lo siento, no me acostumbro a las identidades falseadas —harto ya de currrículums engordados, disfrazados, cuando no totalmente inventados— en aras del rápido enriquecimiento a costa de un nuevo concepto interesante y atractivo, o —cosa que no sé cierto si es peor— por la vanagloria y satisfacción del propio ego.

Y es que esto, saquear y prostituir una digna profesión es algo repugnante, pero hacerlo impunemente a costa de jugar con las emociones de los demás… ¿Qué más podría yo decir?

Y es que al parecer, hemos hecho nuestra, como algo natural, esa capacidad, ampliada en mucho por los, alguna vez, cuestionables amplificadores de las Redes Sociales, para mostrarnos al mundo como nos imaginamos que somos, que es, al fin, y muy frecuentemente, como nos gustaría ser —intelectuales, bellos, fashionísimos, ejecutivos, revolucionarios, gurús de diversas materias, geniales, progres, conservadores, salvadores comprometidos (a base de darle al “me gusta” o al retweet) y superguays en general de todo tipo y condición— manifestando en ocasiones nuestras propias frustraciones y pasando por alto el nimio detalle de que tarde o temprano hay que demostrar lo que verdaderamente se sabe y lo que verdaderamente se es.botón-no-me-gusta

Redes Sociales

  • «Grandeza» primaria y secundaria

«Grandeza» primaria y secundaria[1], un asunto este sobre el que me ha gustado reflexionar ya en más de una ocasión. Esto es que hace ya casi una treintena de años, Stephen R. Covey se quejaba de la superficialidad de lo que dio por llamar la “ética de la personalidad” —que al día de hoy nos invade convirtiendo, tal vez por comodidad, lo liviano y caprichoso en auténtica verdad— donde el éxito se convertía en una función de apariencias, de imagen pública, de actitudes y conductas —fueran estas reales o hábilmente forzadas—  y de habilidades y técnicas que optimizasen los procesos de relaciones interpersonales. Covey, al respecto, no dudaba al pensar que este enfoque, de manera aislada, sin otro contesto, era claramente manipulador, pues de lo que se trataba era de aprender técnicas para gustar a los demás y, a costa de ello, satisfacer el propio interés. Y a fe mía que hay quien domina a la perfección este arte del engaño, ocultando al máximo la evidente incoherencia entre lo que se predica y el cómo se es en realidad.

Pero por otro lado, Covey en su obra afirma igualmente que sí existen principios que nos pueden permitir de manera efectiva y disfrutar de éxito y felicidad duraderos, y un servidor comparte con optimismo su creencia. Y esto es desde la “ética del carácter” cimentada sobre “la integridad, la humildad, la fidelidad, la mesura, el valor, la justicia, la paciencia, la simplicidad, la modestia…” todo ello integrado, de manera profunda, en la naturaleza de la persona.

  • Lo que no es Inteligencia Emocional

«Debemos señalar, en primer lugar, que Inteligencia Emocional no significa sólo “ser amable”, porque hay momentos estratégicos en los que no se requiere precisamente la amabilidad sino, por el contrario, afrontar abiertamente una realidad incómoda que no puede eludirse por más tiempo.» Daniel Goleman [2]

Y tal vez sea por ello por lo que me he permitido publicar este artículo, pero, por supuesto, aún hay mucho más.

Daniel Goleman sigue afirmando en la misma obra: «En segundo lugar, Inteligencia Emocional tampoco quiere decir que debamos dar rienda suelta a nuestros sentimientos y “dejar al descubierto todas nuestras intimidades” sino que se refiere a la capacidad de expresar nuestros propios sentimientos del modo más adecuado y eficaz, posibilitando la colaboración en la consecución de un objetivo común.»

Mi creencia es que, como profesionales, Inteligencia Emocional no consiste en pegar fotos en el muro de facebook; no consiste tampoco en repetir una y otra vez lo felices que somos por lo mucho que sabemos; no consiste, siquiera, en escribir más o menos  en una bitácora como la que usted lee ahora o, al menos, parecida; y por supuesto, no consiste en prometer que la felicidad es fácil de alcanzar si nos dejamos ayudar siguiendo el manual “Cómo ser feliz sin esfuerzo en sólo quince días”.

Mi creencia es que, como profesionales, Inteligencia Emocional es entrega y servicio; entrega y servicio por amor hacia aquel con el que compartimos nuestro saber; entrega y servicio identificándose con los valores sobre los que se sustenta la “ética del carácter” de la que Covey nos hablaba. Y todo lo demás pertenece a los vendedores de humo.

Y una vez citado Stephen R. Covey, como hemos hecho, no está de más recordar que, por fortuna, existe una ley natural que acaba poniendo a cada cual dónde debe estar: la ley de la siembra y la cosecha:

Uno hace el esfuerzo y el proceso sigue. Siempre se cosecha lo que se siembra; no hay ningún atajo.

Stephen R. Covey, Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva.

soberbia y ego

Soberbia y Ego

«En las manos de todo individuo está depositado un maravilloso poder para el bien o el mal, la silenciosa, inconsciente, invisible influencia de su vida. Ésta es simplemente la emanación constante de lo que el hombre es en realidad, no de lo que finge ser» William George Jordan (1864–1928)

Por todo lo dicho, estimado lector, yo me confieso hoy, y lo dejo por escrito, tan sólo como un estudioso de la Inteligencia Emocional, la cual me apasiona pues hace tiempo «me convencí de las bondades del estudio y del dominio de la gestión de emociones por lo mucho que, con ello, puede crecer y elevarse un ser, trascendiendo más allá de su propia persona.» [ver entrada].

Mi currículum es corto y con poco valor, pero es cierto, o al menos así lo creo. Aún así, permítame el lector que insista, y, por favor, “no se crea todo lo que le cuento”, al fin y al cabo, ya lo sabe, “por sus frutos los conoceréis”.pedroatienza1

pedroatienza@inteligenciaemocional.center

@pedroatienza

___________________
[1] “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”, Stephen R. Covey 1989 – Editorial Paidós Plural

[2] “La práctica de la Inteligencia Emocional”, Daniel Goleman 1999 – Editorial Kairós

Pedro Atienza

Máster en Gestión y Administración de Empresas por FUNDESEM Business School. Experto en Inteligencia Emocional y Coaching Ejecutivo por la Universidad Rey Juan Carlos y Escuela de Inteligencia de Madrid. Formado en Relaciones Laborales y Recursos Humanos por la Universidad de Alicante.

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