El despertar nuestro de cada día

El despertar nuestro de cada día y, con este día, una nueva vida que comienza con cada nuevo amanecer. Y es vida que viene a nuestro encuentro, día tras día, poniendo a nuestro alcance ese nuevo despertar.

Así es, una vez más, día tras día, y cada día de nuestra existentica. Esa, la nueva vida está ahí, a la espera de tu despertar. Y te llama; y se ofrece a acompañarte en el camino. Sólo tienes que decidir; decidir y caminar. Tan fácil y tan difícil; tan complejo y tan sencillo como, simplemente, despertar. Pero… no lo ves.

Y tu mañana es un abrir los ojos estando aún el sol por salir; y es sentir ese frío de tu gris y fría vida ―exenta de sonrisas― que temes y te acobarda desde la oscuridad. Y, así, la excusa está servida. Y tú tienes que elegir. Y te convences de un sentido que no es. Y todo parece que así será más sencillo. Todo estará en una simple cuestión: adecentar algo la estancia y una manita de pintura a la fachada para que parezca aunque no sea y la mente crea lo que el corazón no siente.

Pero eso, tal vez lo hagas luego. Ahora, sólo en la cama, te arropas, te acomodas y te dices: diez minutos más.

Diez minutos más para retrasar lo que, de todas las maneras, está por comenzar. Tu mundo sigue ahí afuera y este mundo no para de rodar.

Diez minutos más que suavicen el pesar de esa ansiedad de lo que tal vez, y si tú quisieras, llevándolo a otro lugar, pudiera ser tu nueva oportunidad.

Y el miedo ―suele pasar― acaba pudiendo más.

Pero a veces no son diez los minutos de más sino que, escapándose sin sentirlo, se convierten en esos diez minutos de menos. Te crees que el tiempo no corre, que el bagaje es eterno ―y que no es así en este mundo donde es otra la manera de jugar―. Crees que mañana sí será, mientras acumulas cargas en tu mochila; esas que te impiden avanzar.

Y después de los años, una mañana, esperando ese mañana, descubres, con ese nuevo dolor que suma en la rodilla, que hay cosas que sí cambian, tal vez muy a tu pesar; y otra, un poco más adelante, también te encuentras con que ya no hay nadie a quien saludar. Y al fin llega aquella en la que tú, y ni siquiera, ya tampoco estás.

El tiempo no se para; irremediablemente, continúa. Y la nueva vida, como cada día, estará ahí esperando tu despertar. Tal vez, con el correr del tiempo, esa nueva jornada tenga menos intensidad pero ¿Qué más dará? Sólo tendrás que aceptar ese día como tal.

Y hasta ese momento, cada mañana, te lo puedo asegurar la vida pacientemente te dirá: de verdad, de verdad ¿quieres despertar?

Y tú siempre valoras y siempre eliges cuál va a ser tu realidad.

Y ojalá lo veas. Y ojalá el fíat sea tu respuesta. Sólo tú lo puedes cambiar.

Y la vida ahí estará, no lo dudes; y la vida te dará y te dará. Y la vida esperará y esperará. Pero piensa que es posible que por tardar, uno de esos días, tal vez la vida te pida cuentas. Esas cuentas que, siempre, siempre, será irremediable pagar.

Y tal ves se te pregunte:

¿Dónde está el verdadero amor que no entregaste a quien tanto te amó? ¿Dónde lo que no diste a quien tanto te entregó? ¿Dónde lo que no miraste por quien, simplemente, te esperó?

Pero… no lo ves.

Y duermes en una cama blanda y bien caliente. Y ves salir el sol protegido bajo tu techo. Y tomas tu café. Y…

Y abres un grifo y sale agua caliente. Pero tú no lo ves.

Betty Merino

Y no es cuestión de entrar en la culpa. Lo pasado, hecho está. Se trata de abrazar el amor.

Ama, ama intensamente. Ama con todas tus fuerzas. Ama hasta que duela. Simplemente ama por amar… Y el Cielo se encarga. Y los milagros están.

Y ojalá lo veas. Y ojalá el fíat sea tu respuesta. Sólo tú lo puedes cambiar.

Y los rayos del sol iluminan el camino y calientan tu andadura. Y, siempre, tú decides. ¿De verdad quieres despertar?

Al final de eso se trata… Ese es el asunto: despertar

Y siempre, gracias, gracias, gracias.

inteligenciaemocional@pedroatienza.es

Pedro Atienza
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