El verdadero sentido
Y me pregunté, una vez más. ¿Dónde nace la luz verdadera? No del ego que busca ser visto, sino del alma que simplemente desea alumbrar el camino.
“Simplemente con que busques iluminar, automáticamente, brillarás. Si lo que buscas, si lo prioritario para ti es brillar, no iluminarás, porque pondrás el foco en ti, no en los demás. […] No podrás iluminar porque estarás centrado en ti mismo»
Ciertamente, en ocasiones tenemos la fortuna de encontrarnos con esa persona auténtica y verdadera, portadora de una especial esencia, de una luz natural, cuya sola presencia, con su propio y único brillo, parece reconciliarnos con el mundo.
Es esa persona que no busca ser vista, ni aplaudida, ni celebrada. Solo está. Y al estar, ya ilumina. Y con eso es más que suficiente.
Mario Alonso Puig, reflexiona en el contexto del éxito personal —de manera acertada dentro del mismo— y de cómo este está relacionado con la actitud que tenemos hacia los demás.
Pero desde ahí, realmente, cuando la sola intención de brillar se impone al deseo de servir, la luz del mensajero se oscurece. El humo del ego, aunque sutil, siempre empaña la llama más pura.
Nadie que aspire a brillar, tendrá una luz totalmente limpia que entregar. Éxito y servicio no caben en la misma aspiración.
Podrán parecernos sabias sus palabras y aparentes sus acciones, pero no hay fruto puro que venga de la raíz del ego.
Aquel que se pregunte por la manera de destacar, errará en la respuesta a cómo servir. Y sólo el que sirve es portador de la verdadera iluminación.
Ese es, el servicio, el verdadero sentido.
Cuántas veces nos hemos esforzado por el reconocimiento, por que alguien —la sociedad, un colectivo, un grupo, una pareja— nos mire y nos diga que sí, que valemos. Pero esta es una búsqueda que nace del vacío, y desde ese vacío, solo nos devuelve más sed, más anhelo por ser reconocidos.
No se trata de ser luz para ser admirados, sino para que otros puedan ver su camino.
Y es lo paradójico que cuando dejas de buscar el brillo, entonces el brillo aparece. No un brillo de espectáculo ni de vanidad —propio del vendedor de humo por aromático y embriagador que este parezca— es una serena claridad que emana de adentro, porque has puesto tu conciencia al servicio del otro. Y es entonces cuando todo cobra sentido.
Brillas porque amas. Brillas porque das. Brillas porque dejas de ocupar el tentador y atrayente centro.
“La bondad que se mira a sí misma en el espejo se convierte en piedra “
Gibran Khalil (El Profeta)
Mario Alonso Puig, delicadamente, nos lo recuerda en su entrevista. Si tu deseo de iluminar nace del deseo de brillar, has perdido la dirección. Estás atrapado en el egoico espejo. Y la luz, entonces, tarde o temprano, siempre se apaga.
Pero si decides entregarte sin más, sin esperar, si confías en que toda chispa entregada con amor para avivar la brasa regresa multiplicada ciento por uno, si entiendes que no estás aquí para que el mundo gire en torno a ti sino para danzar con él, entonces la vida te transforma mágicamente en auténtico faro.
La verdadera iluminación, la que calma al alma, no consiste en tener las respuestas, sino en ser siempre viva presencia. No es acumular luz, sino ofrecerla generosamente siempre dispuesta para quien la desee encontrar.
Hoy desearía invitarte a revisar tus intenciones. No para juzgarte —nada más lejos— sino para recordarte que la vida siempre, siempre, nos ofrece un nuevo comienzo. Cada gesto, cada palabra, cada silencio puede ser un bonito acto de iluminación y de servicio. No hace falta más.
Ama. Da. Escucha. Ilumina.
Y entonces, sin buscarlo, la luz —como toda verdad entregada sin condiciones— inevitablemente, te envolverá.
Porque así es Ley, y el alma lo sabe.
Con toda humildad,


«Porque quizá —como tú, como yo— hay muchos que no buscan teorías, sino una manera más humana, más honda y verdadera de estar en el mundo. Y tal vez, solo tal vez, al aprender a sentir de verdad, comencemos a recordar quiénes somos.»
Pedro Atienza
Inteligencia Emocional Transpersonal
- La Vanguardia 20/05/202 ↩︎
