Pedro Atienza

El Despertar de la Conciencia

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Psicología Transpersonal: Un Camino hacia la Integración del Alma

Publicada el julio 31, 2025julio 31, 2025 por Pedro Atienza

“No somos seres humanos teniendo una experiencia espiritual. Somos seres espirituales teniendo una experiencia humana.”

— Pierre Teilhard de Chardin 1

En pleno corazón del siglo XX, cuando la psicología moderna parecía haber alcanzado sus límites —entre explicaciones conductistas, freudianas y visión humanista en el desarrollo personal— algo ancestral volvía a abrirse paso en la conciencia colectiva: la necesidad de integrar el alma en el auténtico proceso terapéutico.

De este modo nace la Psicología Transpersonal, conocida como la “cuarta fuerza” de la psicología —según el término acuñado por Abraham Maslow—, no como una moda esotérica ni como una rebelión contra la ciencia, sino como una ampliación del paradigma, una respuesta a la necesidad de ir más allá del ego y de los condicionamientos psicológicos. Una urgencia a mirar no únicamente hacia los traumas del pasado, sino hacia la llamada del alma hacia la trascendencia.

Entre el Cielo y la Tierra: Historia y Fundamento

La Psicología Transpersonal comenzó a tomar forma en los años sesenta y setenta, en un contexto donde las inquietudes espirituales —bajo la inspiración de la tradición oriental— resurgían con fuerza en occidente, como búsqueda y sentido a las eternas preguntas de la existencia.

Entre los fundadores de esta corriente están Stanislav Grof, pionero en la exploración de los estados ampliados de conciencia a través del LSD y la respiración holotrópica, y Roberto Assagioli, quien con su Psicosíntesis ya había anticipado la necesidad de unir lo psicológico con lo espiritual.

Otro referente imprescindible es Ken Wilber, quien aporta una visión evolutiva e integral del ser humano y de la conciencia. Wilber afirma que la Psicología Transpersonal debe incluir tanto la vía trascendente (el viaje hacia lo que está más allá del ego y del mundo) como la vía inmanente (el reconocimiento de lo sagrado en cada instante, en cada cuerpo, en cada emoción). La verdadera sabiduría —nos dice Wiber— es aquella que reconoce que lo Absoluto se expresa en lo relativo.

“La sabiduría perenne enseña que la realidad tiene varios niveles: físico, emocional, mental, espiritual. Y que el ser humano puede y debe evolucionar hacia una conciencia que los integre a todos.”

— Ken Wilber

Psicologia-Transpersonal Psicología Transpersonal: Un Camino hacia la Integración del Alma

Más Allá de la Patología: El Alma como Proceso

Desde esta mirada, el ser humano no es una máquina, ni solo un organismo biológico, ni una suma de aprendizajes o traumas. El ser humano es mucho más, un alma en proceso de continua evolución, un campo de conciencia en expansión, con múltiples cuerpos (físico, emocional, mental, espiritual) y múltiples niveles de identidad y de conciencia. La psicología transpersonal no niega los aportes del psicoanálisis o la psicología humanista, pero se atreve a ir mucho más allá: se pregunta por el sentido, por el propósito, por la totalidad.

“Las crisis emocionales profundas no son necesariamente patologías, sino a menudo signos de un proceso de emergencia espiritual mal comprendido.”

— Stanislav Grof

Aquí es donde entra con fuerza la perspectiva de Gerardo Schmedling, cuya Escuela de Magia del Amor propone una visión profundamente coherente con la transpersonalidad.

Según Schmedling, la evolución del alma se da a través del aprendizaje consciente del orden del universo y sus leyes eternas. La enfermedad, el conflicto y el dolor no son enemigos a eliminar, sino mensajeros que señalan aprendizajes pendientes. Lo que desde la visión clásica se nombra como “trastorno”, desde esta mirada puede ser comprendido como una necesaria ruptura en la vieja identidad egoica, para emerger nuevamente en una nueva conciencia.

Psicología del Mestizaje: Ciencia, Espíritu y Experiencia

La Psicología Transpersonal no es una doctrina hermética. Es un desarrollado mestizaje entre saberes antiguos y descubrimientos contemporáneos, entre filosofía oriental y ciencia occidental. Integra prácticas como el mindfulness, el trabajo con el cuerpo, los estados de conciencia no ordinarios, la meditación, el arte simbólico, la respiración consciente, entre otros.

No toda práctica que se autodenomina transpersonal honra realmente la profundidad de este enfoque. En tiempos donde lo espiritual se convierte en tendencia, urge distinguir entre el marketing del alma y el trabajo genuino de integración y transformación.

La Psicología Transpersonal no rechaza la mente racional —no es ese su propósito— sino que la integra dentro de una visión más amplia, donde el cuerpo, el alma, las emociones y la dimensión espiritual convergen en una unidad viva y en constante evolución.

El principio clave reside en la multidimensionalidad del ser humano. Somos cuerpo y somos mente, pero también somos espíritu. Somos campo energético, memoria ancestral, red interconectada con el Todo. La física cuántica, con su visión de la realidad como campo unificado e interdependiente, respalda este paradigma de unidad donde el observador transforma lo observado. El paradigma clásico de la separación da paso a una comprensión de la conciencia como matriz activa del universo.

“El Todo está en cada parte, y cada parte está conectada con el Todo.”

— Principio holístico inspirado en David Bohm y la tradición hermética

¿Por qué la Psicología Transpersonal hoy?

Porque necesitamos una psicología del alma, que no se limite a diagnosticar y etiquetar, sino que acompañe los procesos de transformación. Una psicología que no medicalice el dolor del despertar, sino que sepa reconocer en él el umbral de lo sagrado. Porque la humanidad no sufre solo por sus traumas, sino por haber olvidado quién es.

La Psicología Transpersonal —y de lo que ella se desprende y desarrolla— no promete salvaciones rápidas, pero ofrece caminos. Sendas hacia la presencia, hacia el centro, hacia el silencio, hacia el amor no condicionado, hacia una comprensión más amplia de lo que somos en realidad.

Y lo hace con humildad, reconociendo que lo espiritual no se puede imponer ni explicar del todo, pero sí vivir, acompañar, evocar. Porque…

“La verdad no se enseña, se muestra. Y sólo la experiencia permite comprenderla.”

— Gerardo Schmedling

Pedro-Atienza-INTELIGENCIA-EMOCIONAL-TRANSPERSONAL Psicología Transpersonal: Un Camino hacia la Integración del Alma
escritos@pedroatienza.es
  1. Frase atribuida a Pierre Teilhard de Chardin, aunque su formulación exacta no aparece en sus obras publicadas. ↩︎

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«Martes con mi Viejo Profesor». Una conversación sincera sobre el sentido, la muerte y lo humano.

Publicada el julio 27, 2025julio 31, 2025 por Pedro Atienza

“Cuando aprendes a morir, aprendes a vivir”

— Morrie Schwartz 1

En medio del ruido al que esta vida nos acostumbra, a veces nos topamos con libros que —como debe ser— no pretenden ofrecer respuestas absolutas, sino abrir espacios de verdad simples, humildes y esenciales. Espacios de humanidad tan desnuda que, al tocarnos, nos desarman, nos desgarran.

«Martes con mi viejo profesor» (en inglés Tuesdays with Morrie), del periodista Mitch Albom, es uno de esos libros.

Escrito con la urgencia de quien ve cómo la muerte se acerca, día a día, al que fue su viejo maestro, pero con la dulzura de quien reconoce que el alma sigue viva entre los silencios de las palabras compartidas, este libro se convierte en una meditación sobre lo más profundo de la auténtica existencia. Y también —si se lo permitimos— en una crítica silenciosa a un mundo moderno que ha convertido la vida en una absurda carrera sin sentido.

La trama sencilla que lo cambia todo

El argumento es mínimo, casi íntimo: Mitch, un exalumno absorbido por una vida profesional de éxito y prisas, retoma contacto con su antiguo profesor, Morrie Schwartz, enfermo terminal de ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica). A partir de ese reencuentro, y durante catorce martes, se sienta a su lado para conversar sobre los grandes temas que acompañan nuestra vida: el amor, el perdón, el miedo, el ego, la muerte, el tiempo. Y sobre todo, sobre cómo vivir con sentido.

Ahí reside, precisamente, la magia de este libro: en esa aparente sencillez. Pero bajo su superficie hay una crítica profunda —aunque suave, sin estridencias— al modelo de éxito, productividad y deshumanización que nuestra sociedad ha convertido en norma.

Una ética de lo humano

Morrie no enseña desde púlpito alguno. No pontifica, no vende fórmulas, no pretende ser guía de nadie. Es un hombre que está muriendo con conciencia, con presencia. Y por eso su voz adquiere un peso especial: ha soltado las máscaras, los roles, los miedos sociales. Y lo que queda tras él es una sabiduría desnuda, honesta. Una ética de lo humano.

Morrie representa esa sabiduría —podríamos llamarla transpersonal— que no se aprende en universidades ni en másteres. Es la sabiduría que se gesta en lo más profundo del corazón cuando uno ha vivido, amado, sufrido y, al fin, ha comprendido.

Nos habla del valor de los vínculos, del cuidado, del cuerpo que se va apagando, del silencio que acoge, del tiempo que no se mide en dinero ni en likes ni reconocimiento alguno… sino en presencia.

Una crítica a una sociedad desalmada

81II2QkmEL._SL1500_-677x1024 "Martes con mi Viejo Profesor". Una conversación sincera sobre el sentido, la muerte y lo humano.

Lo que Mitch aprende de Morrie no es solo algo personal. Es también una mirada social. Cada conversación deja entrever los vacíos de un sistema que valora más el hacer que el ser, el tener que el compartir, la eterna juventud que la dignidad de la vejez.

“Martes con mi viejo profesor” se transforma así en un incómodo espejo:

¿Hace cuánto no miramos a alguien a los ojos, con dulzura, sin prisa?

¿Hace cuánto no permitimos, desde la sincera humildad, que alguien nos enseñe algo?

¿A qué jodida velocidad estamos corriendo sin saber a dónde nos dirigimos?

El morir como maestría

La muerte recorre todo el libro como una presencia muy cercana, pero nada trágica. Es la gran iniciadora. Morrie no la rechaza ni la dramatiza. La observa. La respira. La abraza. Y desde ahí, enseña a vivir.

Quizá una de las lecciones más potentes del libro sea esta: no se trata de evitar la muerte, sino de reconciliarnos con ella. Porque solo quien ha hecho las paces con su finitud puede vivir de verdad.

¿Y nosotros? Dichoso aquel que tiene con quién hablar los martes.

En este mundo inundado de ego en apariencia, saturado de cursos online, teorías del éxito y gurús de la productividad, este libro nos recuerda lo esencial: que necesitamos sentarnos, cara a cara, con alguien que nos hable y escuche desde el alma.

Todos necesitamos un Morrie. Y también —no lo olvidemos— podemos ser Morrie para alguien.

La pregunta, entonces, no es solo qué aprendió Mitch de su maestro, sino qué haríamos nosotros si supiéramos que nos queda poco tiempo.

¿A quién llamaríamos? ¿Qué cambiaríamos? ¿A quién perdonaríamos?

Palabras enmudecidas. Abrazos no entregados. Amor oculto.

Conclusión

«Martes con mi viejo profesor» no es un libro perfecto, ni, tal vez, pretendió nunca serlo. No es académico ni espectacular. Es, sencillamente, una conversación honesta entre dos almas que es capaz de enriquecer la nuestra. Y eso suma.

Y en esa humildad radica su poder.

No ofrece recetas, pero despierta verdades que el alma ya conoce: que la vida no es para ganarla, sino para compartirla. Para habitarla. Para vivirla con sentido.

Quizá por eso sigue conmoviendo a tantos lectores. Porque, en medio de tanta distracción, alguien nos susurra, como Morrie:

“La muerte termina con una vida, no con una relación.”

Pedro-Atienza-INTELIGENCIA-EMOCIONAL-TRANSPERSONAL "Martes con mi Viejo Profesor". Una conversación sincera sobre el sentido, la muerte y lo humano.
escritos@pedroatienza.es
  1. Morrie Schwartz (1916 – 1995) ↩︎
img_5232-1 "Martes con mi Viejo Profesor". Una conversación sincera sobre el sentido, la muerte y lo humano.

«Porque quizá —como tú, como yo— hay muchos que no buscan teorías, sino una manera más humana, más honda y verdadera de estar en el mundo. Y tal vez, solo tal vez, al aprender a sentir de verdad, comencemos a recordar quiénes somos»

Pedro Atienza

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El Caos Creativo en Nietzsche – Un alma Desgarrada

Publicada el junio 8, 2025junio 8, 2025 por Pedro Atienza

“Es necesario tener caos dentro de uno para dar a luz una estrella danzante.”

Friedrich Nietzsche

Hoy no hablo desde la paz serena del alma, sino desde sus fisuras. Desde las grietas desde donde surgen las eternas preguntas. Desde ese lugar donde habita el temblor y el fuego.

Hoy he caminado de la mano de un filósofo al que muchos temen, otros malinterpretan, y algunos reconocen como lo que realmente fue: un místico sin altar en templo alguno, un profeta sin fe, un poeta del misterio y del abismo —aunque cierto es que desde la visión transpersonal, todo verdadero místico lo es porque intuye una trascendencia más allá de los nombres—.

Friedrich Nietzsche

No del caricaturizado enemigo de Dios —no de aquel que sentenció la muerte del que todo lo Es—, ni del filósofo altivo que algunos vinculan con la arrogancia. Hoy hablo del Nietzsche que voy conociendo día a día: un alma desgarrada que se atrevió a mirar de frente al sufrimiento, y que en lugar de huir de él, lo abrazó como campo fértil para la transformación del ser humano.

Nietzsche no escribió para los tibios. Ni para aquellos que prefieren el refugio de lo ya conocido. Escribió —como un trueno, como un relámpago en la oscura noche— para aquellos que alguna vez se sintieron sacudidos por el dolor y, sin embargo, presintieron que, justo allí, comenzaba algo —tal vez, la vida verdadera—.

La suya fue una filosofía sin concesiones. Nos habló del último hombre, aquel que tristemente prefiere una vida sin sobresaltos, previsible y anestesiada. Y nos habló igualmente del Übermensch, —la energía ascendente del alma en proceso de individualización— del Supehombre, no como un ser superior según los esquemas sociales, sino como aquel que se reinventa a sí mismo desde las cenizas de sus certezas.

Nietzsche llamó a ese impulso de transformación interna la Voluntad de Poder1 como motor de la transformación del hombre, no como deseo de dominio externo, sino como fuerza vital que nos empuja a crecer, a romper cadenas internas, a expandirnos desde dentro.

La voluntad de poder es estremecerse al decir una verdad que muestra nuestra desnudez, nuestra vulnerabilidad, ante los demás. Es el escalofrío que nos recorre cuando decidimos ser fuertes, ser fieles a nuestra voz más íntima, aunque nadie la comprenda. Es el impulso que transforma el dolor en camino, la rabia en creación, la pérdida en sentido.

Y sin embargo, en medio del temblor, hay una quietud que observa. Una chispa que contempla el caos sin perderse en él. Ese es el inicio de la verdadera transmutación.

Nietzsche entendió algo que aún no se acepta: que el sufrimiento es parte del camino. No para resignarnos a él, sino para trascenderlo desde una conciencia despierta..

“Lo que no me mata, me hace más fuerte.”

Friedrich Nietzsche

Pero —asumámoslo— no toda herida se vuelve sabiduría. Solo aquella que es acogida por una conciencia despierta, se convierte en maestra.

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En los pasajes más profundos de su obra, Nietzsche no da órdenes. No exige discípulos. Solo invita a mirarnos con radical honestidad, y a preguntarnos si estamos viviendo de acuerdo con nuestros propios valores, o simplemente repitiendo lo que se espera de nosotros.

Te pregunto hoy, alma que me lees:

¿Cuántas veces elegiste el simple silencio desde el miedo? ¿Cuántas veces dijiste “sí” por temor a perder un lugar o un afecto? ¿Cuántas veces no actuaste por pánico al rechazo de un amor?

¿Cuántas veces evitaste subir la montaña por temor al frío, sin saber que en el camino conocerías el disfrute del fuego de la sabiduría y, allí arriba, en la cima la eterna belleza de la contemplación desnuda de lo que es Verdad?

El caos que sientes por dentro no es un error. Es la señal de que algo quiere nacer. Tener caos dentro de sí es estar embarrado de sentido. Es estar a punto para dar a luz a esa estrella que danza.

No una estrella sin heridas ni dolor, sino aquella que brilla porque ha atravesado la noche y desde ahí, irradia su luz hacia la profunda sombra. Una estrella a ha decidido —a pesar de todo— vivir peligrosamente, porque ahí reside el secreto de los mayores frutos del vivir, de los más hondos frutos del alma.

Si hoy sientes caos dentro de ti, no huyas. Siéntate en silencio. Pregúntale qué quiere nacer. Pregúntate: ¿Qué parte de mí está lista para danzar, incluso entre los escollos y los escombros?

Y si aún no tienes todas las respuestas, tal vez baste con recordar…

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A veces, no necesitamos llegar a la cima para despertar. Basta con caminar con consciente presencia, y escuchar cómo, desde muy adentro, ya empieza a latir la estrella.

Y si al final del día solo queda una chispa, recuerda: a veces, basta esa chispa para encender tu estrella.

Hoy, desde este rincón de palabras y de escucha, te invito a vivir como quien escala la montaña con los pies temblorosos, el corazón en vilo y el alma en alto. No para llegar más arriba que otros, sino para descubrir tu propia cima. Esa desde donde, por fin, puedas reírte de todas las tragedias y, por fin, empezar a danzar con tu estrella.

Con Nietzsche en la mochila y el corazón como brújula,

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«Porque quizá —como tú, como yo— hay muchos que no buscan teorías, sino una manera más humana, más honda y verdadera de estar en el mundo. Y tal vez, solo tal vez, al aprender a sentir de verdad, comencemos a recordar quiénes somos»

Pedro Atienza

Inteligencia Emocional Transpersonal


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  1. Desarrollada tras la influencia de la obra de Arthur Schopenhauer, que expone que desde el Todo, existe el impulso por una fuerza primordial de vivir, la Voluntad de Vivir, que empuja a todas las criaturas vivientes a evitar la muerte y procrear. Para Schopenhauer, esta voluntad es el aspecto más fundamental de la realidad, incluso más que el ser. ↩︎

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