Hazte cargo de tu vida
Hay revelaciones que a veces llegan sin ser esperadas. Desde el silencio, de una manera muy sutil. No como grandes certezas ni profundos descubrimientos, sino —desde la sencillez de la cotidiano—con la suavidad de una comprensión que se abre paso entre pensamientos mil veces repetidos y emociones tristemente estancadas.
En la diaria queja —en ese vivir en el constante lamento de cuanto nos molesta de aquello que es nuestra vida presente— nos olvidamos de la gran cantidad de aconteceres que no dependen de los demás, ni del destino, ni de las circunstancias. Únicamente dependen de uno mismo. De nadie más que de ti, de mí.
La «suciedad» de nuestro entorno, el desorden de nuestros espacios, el caos que a veces nos rodea, no son otra cosa que un reflejo de algo interno que demanda nuestra atención. Y son estos, únicamente, nuestra auténtica responsabilidad.
Al menos, el que esto os cuenta, así lo ha experimentado, así lo ha sentido, así lo ha vivido.
Y no confieso esto desde la culpa, sino porque ahora sé —o más bien he recordado— que mi actuación en el presente, es absolutamente indispensable para la construcción del futuro; del mío, como tu acción lo será del tuyo.
Este simple pequeño gesto, esta toma de conciencia, marca una diferencia inmensa en el camino dela Inteligencia Emocional.
Porque reconocer lo que depende de uno mismo es el primer paso hacia la autorregulación, la autonomía emocional y el empoderamiento interior.
No podemos esperar que otros ordenen nuestra vida —hagámonos cargo de nuestras vidas—, así como no podemos delegar en nadie —porque ese es nuestro propio asunto— la limpieza de nuestro mundo interno.
La visión transpersonal nos recuerda que todo acto externo es un espejo de una intención interna. Y como cuando tomo un trapo y limpio mi mesa, así también estoy limpiando una parte de mí que antes —olvidada y perdida— quedaba por atender.

Tomar acción
La clave está en actuar. No desde la obligación ni desde la culpa, sino desde la comprensión. Tomar acción.
“Mi actuación es indispensable, porque nadie puede limpiar mi alma por mí.”
Tomar acción desde la posibilidad. Desde esa posibilidad que se abre al camino hacia una vida en presencia, más consciente, más plena.
Y al final, después de este pequeño acto de toma de conciencia, surge la gratitud. Gracias al Cielo —al misterio que me sostiene— por mostrarme el camino. Gracias por recordarme que hoy estoy vivo y que tengo todo lo que necesito para empezar desde donde me encuentro.
Es un paso, sólo un necesario paso que marca el inicio.
Esta es, quizás, una de las más profundas lecciones de la Inteligencia Emocional Transpersonal: que la transformación no llega desde fuera, sino desde el gesto humilde de comenzar a actuar, por fuera y, esencialmente, por dentro.
Acción propuesta
Elige un espacio de tu casa que necesite atención. Puede ser una mesa, una estantería, un rincón olvidado. Antes de comenzar, detente. Respira hondo y repite: “Así como limpio fuera, también ordeno dentro.” Mientras limpias, hazlo con presencia. Observa, siente, respira. Cuando termines, siéntate unos minutos en silencio. Percibe cómo te sientes por dentro. Da las gracias. A tu conciencia. A la vida. A ti.
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